-Escribiendo en el libro de bitácora el discurso aéreo; Tijuana-La Paz-.
Recorreremos 620 millas náuticas; unos 1’130 kilómetros en 95 minutos, a una velocidad promedio de 385 nudos; unos 700 y algo kilómetros por hora.
Volando a 37’500 pies; 11’400 metros sobre el nivel medio del Mar. Abajo se aprecian ligeros cúmulos espaciados y algunos cúmulo-cirrus. Aún más abajo, densa bruma parte de un frente frío, cubren nuestra salida de Tijuana. Por encima de nuestro ya muy elevado techo; estrato-cúmulos y cúmulo-cirrus, tan densos de humedad, que al tratarlos de mirar a través del Sol, se convierten en maravillosas nubes arcoíris.
Nos mantenemos así por espacio de 40 minutos.
1315 Horas: Por fin, rompe la densa bruma que nos impide ver los dos Océanos que sobrevolamos por banda y banda. Por mi costado de estribor, lo primero que veo es Isla de Cedros, igualita, idéntica desde aire a aquella vista que tuve de ella, la tarde que habiendo zarpado de Bahía de Tortugas, y cruzando por el Canal de Dewey, o de Punta Eugenia del Malarrimo, según le queramos llamar, le conocí por vez primera el lado oriental.
Pasamos aquella ocasión justamente entre Punta Eugenia e Isla Natividad. Llevando a las espaldas al huracán Nora, un clase 5, que jamás se esperó fuese a entrar a tierra tan al Norte; 1996. La parte Norte de Isla de Cedros negrea a la vista, esto a causa de sus únicos y endémicos “Cupressus Guadalupensis” (Cedros de Guadalupe) que dan origen a su nombre: Cedros.
En el espacio que se abre entre Isla de Cedros y Punta Baja; Bahía del Rosario; aparece el gran Golfo del Vizcaíno, aguas de Azul profundo, de Azul intenso; aguas que en el argot anglicista de los marineros, llamaríamos: “Bluewaters”.
Ya espero ver Laguna Ojo de Liebre.., pasan apenas unos minutos y ahí está, cubierta de bruma producto de la evaporación primaveral. Ah, ya deben estar allá abajo, gozando de excelente clima. Apenas alcanzo a ver ni amada San Bartolomé, mejor conocida como Bahía de Tortugas, y que por el relieve de sus cerros, asemejan un montón de parejas de tatarugas. Sufro de evocar lugares por sus sabores: ¡Chispas! Ya se me hizo agua la boca por unas tortillas de “La Germana”, ahí en mi “Turtle Bay”. Nuevamente al escribirlo, se me volvió a hacer agua la boca.., esto por la última machaca con huevo y tortillas de harina que cociné fondeados ahí en su Bahía; ¡Memorable!
1330 Horas: Fin de estrato-cúmulos, mas aún se sigue viendo la barra del frente frío. A la velocidad que vamos la Laguna de San Ignacio se descubre apenas unos segundos después que la de toda la esquina de Ojo de Liebre, Punta Eugenia y Bahía de Tortugas, nuevamente el efecto de la condensación impide ver sus aguas, mas no su contorno topográfico cubierto por bruma.
No es mi oficio la meteorología, pero en éste rincón del Planeta debe condensarse buena parte de la humedad que ya en calidad de lluvia, irá a precipitarse al resto del mundo. El poderoso efecto de los vientos originados por los Frentes Fríos, que se suman con las corrientes de aire marítimo tropical, dejan atrapadas inmensas cortinas de bruma en el gancho de la infinita cantidad de bahías que conforman el contorno de la Península Bajacaliforniana hasta lindar con Bahía Magdalena. Luego de ahí, 165 millas náuticas al Sur de Cabo Tosco; Isla Margarita; prácticamente no habrá más bahías hasta llegar a Cabo Falso; Los Cabos.
1335 Horas: No lo puedo creer: ¡San Juanico! Le reconozco instantáneamente. Vaya he memorizado las cartas de navegación de tanto recorrer esta Península. La perspectiva de los mapas, es exactamente como ver sus trazos y siluetas desde arriba, justamente como lo estoy haciendo ahora en el avión.
La Bahía de San Juanico se dibuja como un doblez o anzuelo de la Península cuyo ojal está orientado hacia el sureste, perfecto refugio para abrigarse de los vientos típicos del WNW y Noroeste que durante la estación invernal predominan al soplar de sus aires por estas aguas. Desde la altura del avión se aprecia un notorio cambio de color en el Mar; aguas más turquesas y transparentes que las del entorno Azul profundo que le rodean.
Aguas turquesas posiblemente a causa del continuo depósito de sedimentos que son arrastrados por el viento las 24 horas. Sedimentos originados a lo largo de todo el continente que desde aquí va a terminar a donde nacen sus vientos; el Polo Norte. Volátiles polvos mágicos que cambian de color el agua en turquesas, y el ocaso en rosas de fuego.
Aún, hay debajo de nosotros algunos alto-cúmulos, ya más espaciados. Se alcanza también a observar la línea característica del “frente”, que hoy gracias a Google Earth y a las imágenes satelitales del “NASA-GOES” podemos comprender el por qué se le llama frente, a un Frente Frío.
Aguardo con ansia ver “Cabo San Lázaro”, el volcán que lo conforma le hace aparecer desde el Mar como si fuese una Isla, de hecho a veces es una isla. ¡Sí, a veces! Pues los canales que le unen al continente se abren y cierran con las mareas. ¿Se verá igual desde el cielo?
Pasan unos minutos y por fin en el extremo más occidental que mi vista alcanza, delinea frente a mí una isla. Cabo San Lázaro y su magnífica bahía; Bahía de Santa María… Ésta misma bahía tiene dos imanes para mí; el de atraerme un mal tiempo, y el de traerme a su abrigo para refugiarme del temporal.
Se me ha vuelto casi ritual; además de las tortillas de “La Germana”, en Bahía de Tortugas; que cuando la tengo a mi través navegando Norte-Sur, le haga una escala; es mi asilo para el descanso, es mi asilo para el refugio de las fuertes marejadas y vientos, es mi oasis de proveeduría de pescado fresco con los pescadores locales, quienes la última vez me trajeron de regalo langosta; langosta que por supuesto no me quisieron cobrar.
“Mag-Bay”, ahí está la “Magdalena” con sus intensas corrientes al cambio de las mareas, Puerto San Carlos y su muelle de concreto; afloja los cabos que ya bajó la marea, tensa los cabos que ya va pa’ rriba el agua. Isla Magdalena, el refugio de seres apartados que pagan con esfuerzo el vivir en el asilo, carentes de Luz, carentes de agua potable, carentes de casi todo; menos de tranquilidad.
JF.
-Solar Rays; John Reistetter III-
Sentí que lo viví contigo. me transportaste, muy intenso!
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