sábado, 8 de junio de 2013

Travesía La Paz-Ensenada, Primavera 2013; “La Baja-Bash”. -Prefacio-.

Prefacio:

Hace ya algunos años cuando recién me iniciaba en el Velerismo de Crucero, un amigo mío me presentó una pareja de norteamericanos interesados en aprender a navegar a vela.Me sorprendieron con un barco nuevo, recién fabricado y comprado directamente al mismo fabricante; Catalina Boats. Pero mayor fue mi sorpresa, al darme cuenta que no tenían ni la más remota idea de cómo navegar a vela, ni mucho menos conocían de las artes para la navegación de una embarcación. Es decir: se habían embaucado por cuenta propia en la compra de un barco suficientemente grande como para una pareja de inexpertos, y con la ilusa idea que navegar, debía ser muchisísimo más fácil que coger un freeway, y así lanzarse a la Mar a recorrer el mundo.

Tristemente o alegremente, según quiera verse, el velerismo de crucero así es. Está más compuesto e integrado por poetas y soñadores, que por marinos de verdad. La lista de marinos soñadores pudiese resultar enorme.., de rápido me vienen a la mente: Los Pardeys, B. Moitessier, Peter Blake, Justin Scott y hasta el mismo Pirata Dampier. Queriendo decir que entre estos poetas y soñadores han existido seres que también han sido grandes marinos. Lo que trato de señalar es que muchos de los incautos que compran un velero de crucero, tarde que temprano terminarán más que arrepentidos al despertar de sus sueños con una realidad ineludible, y cuando ésta realidad no cace con las alegres expectativas de solo “montarse” al viento e ir a por el mundo de un bocado. Pretendiendo evitar el enfrentar una pirámide enorme de conocimientos, preparación física (relativa) y gran preparación psicológica y mental.

En Bahía de Tortugas mientras aguardábamos la venida de una ventana de buen tiempo, vimos repetirse la misma escena un par de veces:
Llegó a cargar combustible un velero de casi 50’ pies. A juzgar por el fabricante del barco, el estado del mismo y la carísima pintura del casco, hubiésemos asumido eran expertos marinos. Salvo por una excepción… Tomaron la boya de señalización de la baliza que marca una roca: ¡Y se amarraron de ella! Uno puede pensar que estas cosas pasan de vez en vez, de vez en cuando y de vez en año. Pero no; no había pasado una semana, cuando otro lujoso yate; uno de motor; hizo exactamente lo mismo. Salvo que ésta ocasión, la boya cedió, y el yate garreando fue a parar a media bahía, junto con la panga del abastecedor, y por supuesto la panga: ¡Abasteciéndolo!

En la travesía de crucero, buena parte de los marinos buscan la aventura de playas y lugares desolados o casi desolados, mas también en diversas ocasiones, habrán de servirse a tratar de satisfacer necesidades o reparaciones ante las limitaciones de la población y de los servicios de ésas minúsculas bahías, playas y puertos.

Aún cuando la tecnología, comunicaciones y transportes han llegado ya a casi cualquier punto de la tierra, el modo de vida del habitante urbano, aún la del marinero, es abismalmente distante a la de las formas de supervivencia de la gente moradora de playas inhóspitas y casi silvestres. Hay carencias tan simples como la de farmacias bien surtidas, abasto de agua potable, abasto de combustibles, refaccionarias marítimas, talleres mecánicos o eléctricos ó hasta de ducha o lavandería.

En ésta última travesía, hube de verme en la necesidad de pedir un largo y complejo raite de varias horas. Cargando a cuestas tanto de ida como de vuelta 2 bidones para agua, 2 bidones para combustible, mi laptop y una poca de ropa de recambio. Además ya estando en puerto, hube de viajar 120 kilómetros de ida y vuelta para acceder a un banco y a un servicio de mensajería, quedarme en un pequeño hotel sin servicios de alimentación, y cargar nuevamente de raite todos los insumos adquiridos en tierra. Al retorno sumaban 105 kilogramos de líquidos; agua, diesel, aditivos y aceite, dos grandes bolsas con víveres y mi backpack repleto de partes de repuesto y herramientas provenientes vía dicha mensajería terrestre desde el puerto de Ensenada. Crucé en panga de extremo a extremo la Bahía de Santa María, luego fuimos transbordados por tierra en un remolque (panga incluida) a Bahía Magdalena. Ahí iniciamos otro recorrido; hicimos una primera escala en Isla Magdalena, cruzamos toda la “Mag´Bay” hasta San Carlos, y ya ahí nos internamos por un estero a donde los pescadores descargan el fruto de lo pescado. Fue exactamente el mismo itinerario para el retorno, salvo que por el peso que yo llevaba a bordo, quedamos varados en la playa al ya ser desembarcados en Bahía de Santa María, teniendo que aguardar por espacio de varias horas el favor de la marea para desvararnos, luego; justamente a proa, tuvimos que enfrentar fortísima marejada, mi laptop, ésta misma a la cual ahora le miro la pantalla, guarda tremenda cicatriz en el monitor, pues aún llevada de manera segura en mi backpack a mis espaldas, la presión por el golpeteo de los contenidos, terminó por dañarle la pantalla.

Toda visión romántica del cualquier velerista medio artista o medio poeta, es arrancada de cuajo cuando las partes mecánicas o motrices llegan a fallar, cuando hay que internarse en lo desconocido de un componente mecánico al igual que en tierra “inhóspita”; acompañado de personas y personajes aún más desconocidos, cuando hay que desentrañar una madeja de trámites logísticos para hacernos llegar un pequeño repuesto o medicina proveniente de miles de kilómetros de distancia.

El velerista de crucero, es por naturaleza aventurero; aventurero de sueños que con la distancia de las millas recorridas transforma ilusiones en realidad. Mas también debe ser además de soñador; buen mecánico, buen electricista, buen navegador y todo un experto en improvisación logística. Debe estar perfectamente entrenado en el uso de las computadoras, gadgets y programas, así como tener buena capacidad de lectura y prognosis meteorológica. Aún más; debe ser valiente, elevadísimamente paciente; sobre todo ante la espera de mejores condiciones atmosféricas. Debe ser estoico a resistir fríos climáticos, y fríos de fuertes vientos empapado hasta el tuétano. Debe ser atento al detalle de los sentidos; un nuevo sonido en nuestro mástil, en nuestra quilla, en nuestra máquina o en nuestra propela, un aroma o cambio de temperatura en el olor del viento, un mínimo destello en la oscuridad, pueden hacer la diferencia entre el éxito o el fracaso de nuestro viaje. Debe ser ingenioso y habilidoso con manos y dedos, debe saber guardar y mantener el equilibrio en dos gravedades, en cuatro y cuando sea necesario hasta en seis gravedades; sabiendo apoyarse en codos, rodillas y pies, mientras labora con la mente y con las manos.

La mayoría de las publicaciones disponibles, nos embelesa con sus descripciones de matices y colores, nos maravilla con las magias del folclor de los pueblos, nos empapa el gusto con los diferentes aromas y sabores de los vientos; olores a tierra húmeda en las zonas de lluvia tropical, a azúcar quemada en los istmos de América Central, a marisma terral por las noches, a tierra seca en los nocturnos vientos terrales de la Península Bajacaliforniana, a helor cuando avecina el Frente Frío. Pero en verdad nadie nos habla de la otra cara de la moneda; nadie nos cuenta del terror que sería perder el ancla en una noche de tormenta, en un fondeadero limitado por entre afilados riscos. De lo estúpidamente doloroso que sería perder nuestra vitualla en un absurdo vuelco dado por el golpe de una ola a nuestro bongo. De lo terriblemente incómodo que es cocinar algo; algo así como cualquier cosa ya sea hervir un poco de agua en una noche con marejada, cuando lo que urge es un café o un chocolate caliente, o simplemente rebanar tomate, queso y cebolla para un simple y vulgar sándwich.

No quiero desanimar a poetas y soñadores, pero hay que ser realistas, para ser navegante, aún velerista, hay que estar muy formalmente preparados para enfrentar la múltiple diversidad de escenarios a los que está expuesto el marino explorador. Ser buen velerista de bahía o de regatas, no es suficiente, en muchas ocasiones habremos de alternar en el modo: motor-vela, un arte más del velerismo del que debemos conocer. Dos o tres décimos de nudo de ganancia, pueden implicar de 7 a 10 millas náuticas más navegadas al final de la jornada, muchas veces distancia suficiente para arribar al abrigo de una buena rada, o en diferencia: padecer por horas un temporal ante la imposibilidad poder entrar con seguridad a fondearnos en un puerto.

Es fácil dejarnos llevar por los sueños que otros grandes marinos hicieron realidad con mucho menos recursos de los que hoy disponemos. Es fácil creer que si Colón descubrió América o Magallanes dio la vuelta al mundo con un simple sextante y un compás, nosotros con un GPS, un chartplotter, una ecosonda y un radar los podemos superar. Debemos conocer profundamente y perfectamente el uso de las herramientas modernas; al igual que Colón y Magallanes conocían de las suyas; ante la aparente seguridad que nos brindan, es muy fácil equivocarse en su uso. Otro factor es la dependencia; cuando por alguna razón perdemos la disponibilidad de nuestros navegadores electrónicos; debemos estar perfectamente entrenados para reemplazarlos instantáneamente por métodos más tradicionales.

Con este prefacio no quiero desanimar a nadie, por el contario; páginas más adelante trataré de describir la singular belleza de mi última travesía haciendo la Península Bajacaliforniana de Sur a Norte, conocida también por su dificultad como la “Baja-Bash” (“La Paliza de la Baja”). Mi propósito fundamental es que la lectura de estas líneas no solamente resulte agradable; sino también pueda servir de herramienta a otros y a otras poetas-marineros, que como yo amamos navegar.

 

JF.

Equilibrium

-Equilibrium; John Reistetter III-

Yanni -The Storm- Yanni Live The Concert Event. (hazle clic).

viernes, 7 de junio de 2013

Travesía La Paz-Ensenada, Primavera 2013; “La Baja-Bash”.

-Escribiendo en el libro de bitácora el discurso aéreo; Tijuana-La Paz-.

Recorreremos 620 millas náuticas; unos 1’130 kilómetros en 95 minutos, a una velocidad promedio de 385 nudos; unos 700 y algo kilómetros por hora.

Volando a 37’500 pies; 11’400 metros sobre el nivel medio del Mar. Abajo se aprecian ligeros cúmulos espaciados y algunos cúmulo-cirrus. Aún más abajo, densa bruma parte de un frente frío, cubren nuestra salida de Tijuana. Por encima de nuestro ya muy elevado techo; estrato-cúmulos y cúmulo-cirrus, tan densos de humedad, que al tratarlos de mirar a través del Sol, se convierten en maravillosas nubes arcoíris.

Nos mantenemos así por espacio de 40 minutos.

1315 Horas: Por fin, rompe la densa bruma que nos impide ver los dos Océanos que sobrevolamos por banda y banda. Por mi costado de estribor, lo primero que veo es Isla de Cedros, igualita, idéntica desde aire a aquella vista que tuve de ella, la tarde que habiendo zarpado de Bahía de Tortugas, y cruzando por el Canal de Dewey, o de Punta Eugenia del Malarrimo, según le queramos llamar, le conocí por vez primera el lado oriental.

Pasamos aquella ocasión justamente entre Punta Eugenia e Isla Natividad. Llevando a las espaldas al huracán Nora, un clase 5, que jamás se esperó fuese a entrar a tierra tan al Norte; 1996. La parte Norte de Isla de Cedros negrea a la vista, esto a causa de sus únicos y endémicos “Cupressus Guadalupensis” (Cedros de Guadalupe) que dan origen a su nombre: Cedros.

En el espacio que se abre entre Isla de Cedros y Punta Baja; Bahía del Rosario; aparece el gran Golfo del Vizcaíno, aguas de Azul profundo, de Azul intenso; aguas que en el argot anglicista de los marineros, llamaríamos: “Bluewaters”.

Ya espero ver Laguna Ojo de Liebre.., pasan apenas unos minutos y ahí está, cubierta de bruma producto de la evaporación primaveral. Ah, ya deben estar allá abajo, gozando de excelente clima. Apenas alcanzo a ver ni amada San Bartolomé, mejor conocida como Bahía de Tortugas, y que por el relieve de sus cerros, asemejan un montón de parejas de tatarugas. Sufro de evocar lugares por sus sabores: ¡Chispas! Ya se me hizo agua la boca por unas tortillas de “La Germana”, ahí en mi “Turtle Bay”. Nuevamente al escribirlo, se me volvió a hacer agua la boca.., esto por la última machaca con huevo y tortillas de harina que cociné fondeados ahí en su Bahía; ¡Memorable!

1330 Horas: Fin de estrato-cúmulos, mas aún se sigue viendo la barra del frente frío. A la velocidad que vamos la Laguna de San Ignacio se descubre apenas unos segundos después que la de toda la esquina de Ojo de Liebre, Punta Eugenia y Bahía de Tortugas, nuevamente el efecto de la condensación impide ver sus aguas, mas no su contorno topográfico cubierto por bruma.

No es mi oficio la meteorología, pero en éste rincón del Planeta debe condensarse buena parte de la humedad que ya en calidad de lluvia, irá a precipitarse al resto del mundo. El poderoso efecto de los vientos originados por los Frentes Fríos, que se suman con las corrientes de aire marítimo tropical, dejan atrapadas inmensas cortinas de bruma en el gancho de la infinita cantidad de bahías que conforman el contorno de la Península Bajacaliforniana hasta lindar con Bahía Magdalena. Luego de ahí, 165 millas náuticas al Sur de Cabo Tosco; Isla Margarita; prácticamente no habrá más bahías hasta llegar a Cabo Falso; Los Cabos.

1335 Horas: No lo puedo creer: ¡San Juanico! Le reconozco instantáneamente. Vaya he memorizado las cartas de navegación de tanto recorrer esta Península. La perspectiva de los mapas, es exactamente como ver sus trazos y siluetas desde arriba, justamente como lo estoy haciendo ahora en el avión.

La Bahía de San Juanico se dibuja como un doblez o anzuelo de la Península cuyo ojal está orientado hacia el sureste, perfecto refugio para abrigarse de los vientos típicos del WNW y Noroeste que durante la estación invernal predominan al soplar de sus aires por estas aguas. Desde la altura del avión se aprecia un notorio cambio de color en el Mar; aguas más turquesas y transparentes que las del entorno Azul profundo que le rodean.

Aguas turquesas posiblemente a causa del continuo depósito de sedimentos que son arrastrados por el viento las 24 horas. Sedimentos originados a lo largo de todo el continente que desde aquí va a terminar a donde nacen sus vientos; el Polo Norte. Volátiles polvos mágicos que cambian de color el agua en turquesas, y el ocaso en rosas de fuego.

Aún, hay debajo de nosotros algunos alto-cúmulos, ya más espaciados. Se alcanza también a observar la línea característica del “frente”, que hoy gracias a Google Earth y a las imágenes satelitales del “NASA-GOES” podemos comprender el por qué se le llama frente, a un Frente Frío.

Aguardo con ansia ver “Cabo San Lázaro”, el volcán que lo conforma le hace aparecer desde el Mar como si fuese una Isla, de hecho a veces es una isla. ¡Sí, a veces! Pues los canales que le unen al continente se abren y cierran con las mareas. ¿Se verá igual desde el cielo?

Pasan unos minutos y por fin en el extremo más occidental que mi vista alcanza, delinea frente a mí una isla. Cabo San Lázaro y su magnífica bahía; Bahía de Santa María… Ésta misma bahía tiene dos imanes para mí; el de atraerme un mal tiempo, y el de traerme a su abrigo para refugiarme del temporal.

Se me ha vuelto casi ritual; además de las tortillas de “La Germana”, en Bahía de Tortugas; que cuando la tengo a mi través navegando Norte-Sur, le haga una escala; es mi asilo para el descanso, es mi asilo para el refugio de las fuertes marejadas y vientos, es mi oasis de proveeduría de pescado fresco con los pescadores locales, quienes la última vez me trajeron de regalo langosta; langosta que por supuesto no me quisieron cobrar.

“Mag-Bay”, ahí está la “Magdalena” con sus intensas corrientes al cambio de las mareas, Puerto San Carlos y su muelle de concreto; afloja los cabos que ya bajó la marea, tensa los cabos que ya va pa’ rriba el agua. Isla Magdalena, el refugio de seres apartados que pagan con esfuerzo el vivir en el asilo, carentes de Luz, carentes de agua potable, carentes de casi todo; menos de tranquilidad.

JF.

Rayos Solares

 -Solar Rays; John Reistetter III-

Vicente Amigo - Tres Notas Para Decir Te Quiero